Pudahuel, Santiago de Chile. 14 de diciembre 2024. En las últimas semanas, hemos sido testigos de una preocupante tendencia: la de minimizar la gravedad de la delincuencia en nuestra comuna a través de datos estadísticos y discursos que buscan relativizar la realidad. Esto quedó reflejado en una romántica columna de opinión escrita por el diputado de nuestro distrito, don Rubén Oyarzo.
¡Claro! Es fácil para un honorable diputado de la República hablar de estadísticas y comparaciones cuando se trata de robos, asaltos y homicidios. Pero la verdad es que cada uno de estos hechos representa una vida afectada, un hogar violentado y un tejido social fracturado.
El diputado Rubén ha relativizado las cuatro veces que han entrado a robar este año a la Ciudad Educativa de Pudahuel, la escuela que nace desde el cooperativismo para entregar educación gratuita a los hijos e hijas de trabajadores de la comuna. Lo que hizo es una falta de respeto para todas las comunidades educativas, que, en vez de invertir los pocos recursos económicos que reciben en mejorar la calidad de la educación, deben gastarlos en alambres de púas y en alzar los enrejados 1, 2 y hasta 3 metros más altos para evitar que el lumpen robe los elementos educativos y destruya las débiles infraestructuras que hoy existen en las escuelas.
Cuatro robos en un año no son una estadística; son cuatro ataques a un sueño colectivo, cuatro violaciones a un espacio dedicado a la educación de nuestros niños y niñas. ¿Cómo puede relativizar eso?
Los datos estadísticos son herramientas poderosas, pero también pueden ser manipulados para crear una falsa sensación de seguridad. Asaltar a una escolar de básica afuera del establecimiento no es minimizar la brutalidad del acto, y usted está enviando un mensaje equivocado a la sociedad.
La muerte violenta de un vecino en Cerro La Campana durante este mes, quien fue baleado y cayó muerto frente a un negocio familiar, es un recordatorio crudo de que la inseguridad no es una abstracción, sino una realidad que nos afecta a todos.
¿Cómo podemos seguir mirando hacia otro lado y pretender que todo está bajo control cuando la vida de una persona se ha apagado de manera tan brutal?
Pero claro, todo depende del punto de vista desde el que se mire. Como el reo decapitado en una cárcel, un ejemplo claro de cómo las cifras siguen ocultando la gravedad de la situación.
Durante años, han negado la presencia del crimen organizado en Chile, aferrándose a estadísticas que no reflejaban esta “realidad”. Esta negación tuvo consecuencias devastadoras, ya que permitió que el problema se expandiera y se volviera incontrolable. Ahora que finalmente reconocen la magnitud del problema, intentan tomar medidas desesperadas para tratar de contenerlo, utilizando herramientas antidemocráticas como es el caso de la ley antiterrorismo, que discrepa con tratados internacionales de DD. HH. Me gustaría saber si usted también aprobó esta ley mal hecha.
Honorable diputado, lo invito a visitar la Ciudad Educativa y a hablar con los estudiantes, los profesores y los padres de familia. Que ellos mismos le cuenten cómo se sienten viviendo en un entorno inseguro. Que le describan el miedo que sienten cuando caminan por las calles de nuestra comuna.
Y lo invito también a visitar a la estudiante de básica que fue cogoteada afuera de la escuela. Pregúntele cómo se sintió durante ese terrible momento y cómo ha afectado este hecho su vida. Compárelo con las estadísticas de Carabineros o consulte si recibe apoyo psicológico.
Para combatir la inseguridad en Pudahuel, necesitamos que usted, como político, se haga responsable y asuma su rol. No que nos explique la tendencia decreciente de las denuncias en Carabineros, porque en el barrio los estudiantes ya no ponen constancias cuando los motochorros los bajan y los cogotean. Le dirán: “¡¿Y pa’ qué, si ya cagué?!”. Hasta ahí llega la tendencia.
Por Alejandro Oyarzún
