
Vivimos una crisis que ya no puede ser ignorada ni reducida a un problema ambiental. El Antropoceno evidencia que la actividad humana ha transformado profundamente los sistemas que sostienen la vida. La Revolución Industrial, el uso masivo de combustibles fósiles, el extractivismo y la llamada Gran Aceleración han llevado la presión sobre el planeta a una escala sin precedentes. Como advierte el enfoque del Antropoceno, no estamos simplemente frente a cambios naturales: estamos frente a las consecuencias de un modelo histórico de desarrollo (Crutzen, 2002).
Esta crisis tampoco afecta a todas las personas por igual. La degradación ambiental se relaciona directamente con desigualdades sociales, económicas y territoriales. Por ello, hablar de Desarrollo Sostenible exige comprender que no existe sostenibilidad sin justicia, equidad, inclusión y respeto por los derechos humanos.
El Informe Brundtland (1987) estableció un principio fundamental: satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las propias. Esto obliga a repensar nuestros modelos de producción, consumo y crecimiento. La sostenibilidad no consiste en proteger la naturaleza mientras mantenemos intactas las estructuras que generan desigualdad y degradación.
En 2015, la comunidad internacional adoptó la Agenda 2030 y sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Entre ellos, el ODS 4 reconoce la educación inclusiva, equitativa y de calidad como una herramienta esencial para transformar nuestras sociedades (ONU, 2015). Y aquí está uno de los mayores desafíos: la educación no puede limitarse a explicar la crisis; debe preparar a las personas para enfrentarla y transformarla.
La Educación para el Desarrollo Sostenible (EDS) debe formar ciudadanos capaces de comprender la relación entre los problemas globales y sus territorios, cuestionar modelos de producción y consumo, participar en decisiones colectivas y construir alternativas. UNESCO sostiene que la EDS debe desarrollar conocimientos, competencias, valores y actitudes que permitan actuar frente a los desafíos de la sostenibilidad (UNESCO, 2020).
Por eso, la escuela no puede permanecer al margen de la crisis socioambiental. El territorio también es un aula; la desigualdad también educa; la contaminación también enseña; y cada decisión comunitaria tiene consecuencias.
El desafío es pasar de una educación que simplemente transmite información a una educación que forma agentes de cambio.
Comprender → cuestionar → participar → actuar → transformar.
La sostenibilidad no es una moda ni una asignatura adicional. Es una responsabilidad ética con el presente y, especialmente, con quienes todavía no han nacido.
Marcelo Enrique Órdenes De La FuenteDocente y académico especializado en liderazgo pedagógico, diseño y gestión curricular, gestión escolar, Educación Física y Salud, psicología del deporte, ciencia política y políticas públicas. Su trayectoria integra educación, liderazgo y gestión con una mirada estratégica, crítica e interdisciplinaria, orientada al fortalecimiento de los procesos de enseñanza y aprendizaje y al desarrollo integral de las comunidades educativas.
Comprometido con una educación inclusiva, equitativa y de calidad, promueve el liderazgo transformacional, la innovación curricular, la participación y la formación de ciudadanos capaces de comprender y transformar sus territorios. Su enfoque articula el desarrollo humano, la sostenibilidad, las políticas públicas y la gestión educativa, entendiendo la educación como una herramienta fundamental para construir comunidades más justas, participativas y sostenibles.
Por: Marcelo Enrique Órdenes De La Fuente – Docente y académico especializado en liderazgo pedagógico, diseño curricular, gestión escolar, Educación Física y Salud, psicología del deporte, ciencia política y políticas públicas, orientado al desarrollo integral de las personas y al fortalecimiento de las comunidades educativas.
