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El grito ahogado y el show del opresor: el doble calvario del acoso laboral

PorDiario Tropezón

Sep 1, 2026
Columna de opinión

«El perverso mundo al revés del acoso laboral: cuando el agresor se apropia del lenguaje del dolor y el compadrazgo político apaga de un portazo el grito de los trabajadores».

Romper el silencio en el trabajo es un acto de valentía extrema. Cuando una persona sufre acoso laboral, el miedo se le mete en los huesos: miedo a perder su fuente laboral, a quedar marcado, a que nadie le crea. Pero el dolor más profundo llega después, cuando la víctima descubre que no tiene una pantalla ni un altavoz para contar su historia. Mientras ella vive su calvario en la sombra, devorada por la ansiedad y la impotencia, su acosador camina con la frente en alto, dueño de los micrófonos, de las “influencias” y del relato.

Es una asimetría cruel que se vuelve perversa cuando la víctima, reuniendo los últimos pedazos de su dignidad, decide denunciar. En ese instante, el agresor activa una de las estrategias más ruines del poder: la inversión de roles.

De la noche a la mañana, el lobo se viste de cordero. Quien persiguió, humilló, difamó, injurió, calumnió, discriminó y asfixió emocionalmente a un trabajador, de pronto se presenta ante el mundo como el verdadero afectado. Con una frialdad espeluznante, los acosadores instrumentalizan la justicia. Inundan el sistema con denuncias falsas, inventan complots y presentan recursos de protección, usando las leyes que debían defender a los vulnerables como un escudo para su propia impunidad. El impacto psicológico de esta jugada es devastador. El mundo se vuelve al revés: el victimario llora ante las jefaturas y cámaras, y la víctima es aislada; mientras se desangra emocionalmente.

Todo esto ocurre mientras vemos, con total desilusión, que las instituciones no funcionan y el entramado legal se quedó ridículamente corto. Incluso la normativa vigente Ley Karin y los tratados internacionales ratificados por Chile, como el Convenio 190 de la OIT, se quedan increíblemente chicos ante la fuerza de un poder político y redes de poder que abusa sin pudor para proteger a sus operadores y amigos instalados en el Estado.

“La impunidad en el sector público adquiere ribetes escandalosos cuando el amiguismo en las altas esferas distorsiona la justicia. Hemos sido testigos de la degradación más absoluta del sistema: en la Comisión de Educación del Senado, un ex Ministro operó como blindaje de una ex jefatura, pretendiendo justificar la omisión de un sumario obligatorio en un caso que ya cuenta con una sentencia judicial ejecutoriada por discriminación arbitraria.

Esto no solo vulnera la ética, sino la ley expresa. El Estatuto Administrativo es claro al señalar que cometer un acto de discriminación arbitraria constituye una ‘infracción grave al principio de probidad administrativa’. Ignorar este mandato es pasar por alto que la NO discriminación es, precisamente, uno de los cuatro pilares esenciales que sostienen la Ley Karin.”

La perversión institucional llega a su límite cuando los procesos que deberían buscar la verdad se corrompen por completo. Asistimos a un escenario macabro donde las jefaturas instrumentalizan y manipulan los sumarios administrativos para perseguir, hostigar y perjudicar a las verdaderas víctimas, transformando las investigaciones y sumarios en su contra. Mientras el aparato estatal gasta su energía en acorralar a quien tuvo el valor de denunciar, el victimario goza de una plena, absoluta y cínica impunidad, protegido por el blindaje de sus redes de poder.

Cuando el compadrazgo político pesa más que los fallos de la justicia y tratados y convenios internacionales ratificados por el Estado de Chile, el mensaje para los trabajadores es desolador: el operador político blindado siempre estará a salvo y gozará de absoluta impunidad. Este show del opresor está diseñado para cansar, confundir y enterrar la verdad bajo un cerro de defensas institucionales.

No podemos seguir siendo espectadores pasivos de esta manipulación emocional, legal y política. Las instituciones tienen que aprender a mirar más allá de las influencias y los discursos blindados. El acoso laboral destruye vidas en silencio. Es hora de apagar de una vez el micrófono de los verdaderos victimarios y devolverles la pantalla, el espacio y la dignidad a quienes realmente les fue arrebatada.

María José Zúñiga, Presidenta Fundación sobrevivientes de acoso

Gina Sennas, Vice Presidenta

Patricia Catalan, Secretaria

Jorge Lobos, Tesorero

María José Reyes, Directora

María José Rojas, Directora


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