
Este 09 de julio, en el Día de la Bandera Chilena, una experta en diseño gráfico analiza la composición visual y el impacto simbólico de la bandera de Chile a lo largo de los diferentes hitos históricos.
En el Día de la Bandera Chilena, que se conmemora este 09 de julio, no solo se celebra un emblema patrio, sino también un símbolo que ha mutado junto a la historia del país. Para Pamela Mansilla, diseñadora gráfica con magíster en Estéticas Americanas y docente de la Escuela de Diseño de Duoc UC, observar la bandera desde una perspectiva visual permite entender su fuerza identitaria.
“La estrella es el elemento más distintivo. Se le conoce como la estrella solitaria, y aunque está descentrada, funciona como un ancla visual desde donde todo se equilibra”, explica la experta. Su geometría, colores y disposición crean un ícono potente y fácilmente reconocible.
La bandera chilena combina el azul del cielo y el océano Pacífico, el blanco de la cordillera de los Andes y el rojo de la sangre independentista. “Estos colores operan como códigos visuales de nuestro territorio y nuestra historia”, agrega Mansilla. Pese a sus similitudes con otras banderas, como la del estado de Texas, la chilena se distingue por su composición única y por su única estrella.
¿Cómo ha cambiado su significado a lo largo del tiempo?
“La bandera, como todo símbolo nacional, está cargada de significados sociales, históricos y políticos. Durante la dictadura, desapareció de los espacios civiles, pero con la llegada de la democracia, volvió a emerger como un símbolo de reencuentro”, comenta la diseñadora.
En momentos de crisis como el estallido social de 2019, la bandera reapareció en múltiples expresiones, muchas veces intervenida, reconfigurada o reinterpretada. “Esa apropiación generó nuevas tensiones simbólicas. Hoy convive entre el orgullo nacional, el duelo colectivo y la crítica política, especialmente desde los sectores más institucionales”, señala.
Uno de los momentos más potentes en la memoria visual reciente fue tras el terremoto del 2010. “La imagen del joven con la bandera entre el barro es muy emotiva. Representa esa resiliencia colectiva que nos distingue como país”, sostiene Mansilla.
También en el deporte, la bandera tiene un poder emocional único. “Cada vez que un deportista la alza en un triunfo, nos recuerda que, aunque estamos arrinconados en un extremo del planeta, estamos presentes, existimos”, concluye Pamela Mansilla.
