
El crimen ocurrió en marzo de 2023, en la intersección de Alaska con Lago Ontario. El ataque, motivado por rencillas previas, sigue marcando la percepción de inseguridad en el sector.
Pudahuel, Santiago de Chile, 16 de abril de 2026. A más de tres años de una balacera que terminó con la vida de un adolescente de 16 años, la justicia condenó a 15 años de cárcel a su autor, Daniel Alejandro Oyarce Cruces (33), por un ataque ocurrido la noche del 4 de marzo de 2023 en la intersección de las calles Alaska y Lago Ontario, en la comuna de Pudahuel.
El fiscal adjunto Marcelo Soto logró acreditar la participación del imputado, quien fue condenado a la pena única de 15 años y un día de presidio mayor en su grado máximo por los delitos de homicidio simple consumado y homicidio frustrado. Además, recibió una pena adicional de 541 días de presidio por el delito de lesiones graves en contra de una tercera víctima.
De acuerdo con los antecedentes expuestos durante el juicio oral —realizado en el Primer Tribunal de Juicio Oral en lo Penal de Santiago—, el condenado, conocido como “El Piña”, llegó al lugar cerca de las 23:00 horas junto a otros individuos y abrió fuego contra un grupo de jóvenes que se encontraba en las afueras de un carro de comida rápida.
Según lo establecido en la investigación, el ataque tuvo su origen en rencillas previas entre el autor y las víctimas. Tras efectuar múltiples disparos, el sujeto huyó en un vehículo que lo esperaba en las cercanías.
Producto de la balacera, el adolescente falleció a causa de una herida de bala en el tórax, mientras que otras víctimas resultaron con lesiones de diversa gravedad, incluyendo traumatismos torácicos y compromiso pulmonar.
Durante el juicio, la Fiscalía presentó pruebas testimoniales, registros audiovisuales, informes periciales y declaraciones de testigos protegidos, lo que permitió identificar al autor de los disparos. Entre los elementos clave destacó el reconocimiento del imputado por sus características físicas y por haber gritado su alias durante el ataque.
Por su parte, la defensa intentó situar al acusado fuera de la comuna el día de los hechos; sin embargo, esta versión fue descartada por el tribunal tras ser contradicha por diversos testimonios.
En el sector, pese a que el caso es conocido por residentes y comerciantes, vecinos consultados evitaron referirse a lo ocurrido, sin que se explicitaran las razones de esta reticencia. Este silencio da cuenta de un clima de cautela que suele instalarse tras hechos de violencia de alta gravedad.
A más de tres años del crimen, la percepción de inseguridad en el entorno se mantiene como una preocupación latente. La condena obtenida, si bien marca un cierre judicial del caso, vuelve a poner en evidencia la persistencia de conflictos violentos y el uso de armas de fuego en espacios residenciales, donde la comunidad continúa expuesta.
