“Pero preferimos el pan y el circo de los eventos culturales, mientras el crimen organizado se adueña de Pudahuel”
La reciente aparición de Pudahuel como la segunda comuna con mayor concentración de crimen organizado, según el indicador nacional elaborado por la Universidad San Sebastián, no debería sorprender a nadie que haya seguido de cerca la realidad comunal. Ya en 2024, como exconcejal de la comuna, se anunció públicamente sobre la existencia de una crisis de seguridad profunda y estructural. No había —ni hay— expertos en seguridad, y el Departamento de Seguridad Pública sigue sin contar con personal idóneo ni con capacidades técnicas mínimas para enfrentar este fenómeno de manera seria y sostenida.
El problema no es solo de recursos. Es también —y, sobre todo— de voluntad política, de visión estratégica y de liderazgo. Hoy tenemos un alcalde que es producto directo del estallido social: Ítalo Bravo encarna una figura política de ultraizquierda, con un enfoque ideológico más revolucionario que institucional. Bajo su gestión, Pudahuel ha vivido una alarmante desinstitucionalización: en su período se han sucedido cuatro directores jurídicos, varios directores de seguridad pública y una serie de funcionarios clave, con nula preparación para los desafíos que enfrentamos.
Esta falta de conducción política se ha convertido en una desconexión total con las redes institucionales del Estado. Traer ministros o subsecretarios a la comuna ha sido un acto más bien simbólico y mediático, sin efectos tangibles en el territorio. No se ha articulado una estrategia comunal real ni un plan de recuperación de los barrios críticos. Mientras tanto, las bandas delictuales se fortalecen y se instalan con total impunidad.
La composición del equipo municipal también deja en evidencia un sesgo ideológico extremo, con figuras que han demostrado públicamente su desprecio por las instituciones del orden. Uno de los asesores principales del alcalde mantenía en redes sociales una página que glorificaba las “batallas” del estallido social. La actual directora de salud, por su parte, ha manifestado abiertamente en redes su rechazo al rol de las mujeres carabineras, negándoles su importancia como mujeres que también construyen país, para en cambio presentarlas como abusadoras. ¿Cómo se puede liderar una comuna si el mismo equipo de gobierno desprecia a las instituciones republicanas que deben resguardar la seguridad y el bienestar ciudadano?
Pudahuel no merece este abandono ni esta radicalización disfrazada de gestión local. Merece una administración capaz, comprometida con la democracia, con respeto por el Estado de Derecho y con conocimiento técnico para diseñar soluciones reales. No es ideología lo que necesita la comuna, sino planificación, gestión y una mirada estratégica y transversal.
Hoy las consecuencias están a la vista. Pero lo más doloroso es que todo esto fue advertido, y aún así se eligió mirar hacia otro lado.
Por Patricio Cisternas – Exconcejal – Coordinador Observatorio Ciudadano y Fiscalizador – Consejero Nacional – Demócratas Chile
