
Cada fin de semana, miles de niñas, niños y adolescentes ingresan a una cancha con la ilusión de aprender, compartir y disfrutar del deporte. En ese espacio no solo desarrollan habilidades físicas; también fortalecen su autoestima, aprenden a trabajar en equipo, enfrentan la frustración y construyen valores que los acompañarán durante toda la vida. El deporte constituye una de las experiencias educativas más valiosas para el desarrollo integral.
La evidencia proveniente de la psicología del deporte y la psicología educacional demuestra que el entorno familiar influye significativamente en la manera en que niñas, niños y adolescentes viven su experiencia deportiva. Bronfenbrenner (1979) explica que el desarrollo humano se construye en interacción con los contextos más cercanos, siendo la familia uno de los principales agentes de socialización. En este sentido, madres, padres y cuidadores no solo acompañan; también modelan actitudes, emociones y valores.
La Teoría de la Autodeterminación, propuesta por Deci y Ryan (2000), sostiene que la motivación florece cuando las personas experimentan autonomía, competencia y apoyo. En el deporte formativo esto implica acompañar sin controlar, orientar sin imponer y valorar el esfuerzo por encima del resultado. Del mismo modo, Bandura (1997) señala que la confianza en las propias capacidades se fortalece cuando el aprendizaje ocurre en un ambiente seguro y de apoyo.
Desde la pedagogía, el propósito del deporte no es formar únicamente campeonas o campeones, sino personas capaces de convivir, perseverar y aprender del error. Dweck (2006) demuestra que reconocer el esfuerzo favorece una mentalidad de crecimiento, mientras que centrar la atención exclusivamente en ganar puede limitar la motivación y el aprendizaje.
Asimismo, Hellstedt (1987) advierte que la relación entre familias, entrenadores y deportistas debe basarse en la colaboración y el respeto mutuo. Las instrucciones desde la tribuna, las comparaciones constantes o la descalificación de quienes dirigen el proceso educativo pueden generar presión innecesaria y afectar la experiencia deportiva.
Un aspecto que merece especial atención es la descalificación hacia árbitras, árbitros y jueces deportivos. Si bien es legítimo discrepar de una decisión arbitral, los insultos, amenazas o cuestionamientos permanentes desde las graderías constituyen una práctica contraria a los principios educativos del deporte. Estas conductas no solo deterioran el clima de respeto durante la competencia, sino que también modelan en niñas, niños y adolescentes la idea de que la agresión verbal y la intolerancia son formas aceptables de enfrentar la frustración. Desde la psicología del aprendizaje, las personas menores de edad incorporan comportamientos observando a las figuras significativas de su entorno
(Bandura, 1997). En consecuencia, cuando madres, padres o cuidadores descalifican públicamente a árbitras, árbitros, entrenadores o deportistas, transmiten mensajes incompatibles con valores como el respeto, la empatía, el autocontrol y el juego limpio, pilares fundamentales del deporte formativo.
El mayor triunfo no siempre termina con una medalla. Muchas veces se refleja en una niña, un niño o un adolescente que disfruta practicar deporte respeta a sus compañeros, enfrenta las derrotas con resiliencia y comprende que el verdadero éxito consiste en superarse a sí mismo. Cuando familias, entrenadores y comunidades educativas comparten este propósito, el deporte deja de ser solo una competencia y se convierte en una auténtica escuela de vida.
Por: Marcelo Enrique Órdenes De La Fuente
Docente y académico especializado en liderazgo pedagógico, diseño curricular, gestión escolar, Educación Física y Salud, psicología del deporte, ciencia política y políticas públicas, orientado al desarrollo integral de las personas y al fortalecimiento de las comunidades educativas.
Referencias
Bandura, A. (1997). Self-efficacy: The exercise of control. W. H. Freeman.
Bronfenbrenner, U. (1979). The ecology of human development: Experiments by nature and design. Harvard University Press.
Deci, E. L., & Ryan, R. M. (2000). The “what” and “why” of goal pursuits: Human needs and the self-determination of behavior. Psychological Inquiry, 11(4), 227–268. https://doi.org/10.1207/S15327965PLI1104_01
Dweck, C. S. (2006). Mindset: The new psychology of success. Random House.
Hellstedt, J. C. (1987). The coach-parent-athlete relationship. The Sport Psychologist, 1(2), 151–160. https://doi.org/10.1123/tsp.1.2.151
